Golf Club... (Imágenes tomadas por Sofía Bianchi, de Bahía Blanca)
Escenas luminosas del Golf Club de Sierra de la Ventana. Magia en 18 hoyos que excede a la mera práctica de un deporte. La naturaleza por encima de todo...
Escenas luminosas del Golf Club de Sierra de la Ventana. Magia en 18 hoyos que excede a la mera práctica de un deporte. La naturaleza por encima de todo...El amanecer, soleado, nos mostraba un gran colchón de nubes por debajo del nivel de nuestra morada. Parecía hecho con capullos de algodón. Esa situación momentánea me invitaba a soñar despierto. Me tiré sobre la bolsa de dormir e inventé mi sueño: Yo permanecía acostado, cara al cielo, con mis manos entrelazadas colocadas debajo de mi nuca, y una pierna sobre la otra a lo largo del colchón. Los ojos bien abiertos y los oídos muy atentos para mirar y escuchar el recital celestial que estaba por brindar Elvis Presley a miles de Ángeles vestidos de blanco, que lo ovacionaban constantemente agitando miles de pañuelos blancos. Ellos saltaban enfervorizados haciendo ondular aun más el capullo blanco en el cual estábamos flotando y que me producía una sensación única e irrepetible. Entonces, de repente apareció Elvis vestido todo de negro y allí empezó la histeria colectiva. Los Ángeles se abrazaban entre si, lloraban y vitoreaban a la “Pelvis Presley” y yo no podía ser menos. Estremecido hasta los huesos me abrazaba con todos y cada uno. De repente, silencio total, increíble. Sonaron los instrumentos, los primeros acordes, y Elvis abrió el recital cantando “always on my mind”.
Sin darme cuenta empecé a cantar, susurrando apenas “maybe I did not love you…”,
cuando Claudio, que venía del patio cámara en mano, me dijo:
- ¡Chegu, este paisaje es para volverte loco… dan ganas de soñar despierto!
Dejé el sueño y volví a la realidad.
El Napostá, al lucir su cumbre por encima de las nubes, aparentaba tener más altitud que la real. Se magnificaba. Mientras encendía el calentador para prepararnos un desayuno caliente no podía dejar de mirar hacia los capullos de algodón.
Abrumados por el desarraigo que nos ocasionaba partir de nuestro terruño, dejamos la casa en orden y nos fuimos con equipo ultra liviano.
Al cabo de media hora de nuestra partida por la pared norte, estábamos besando la cumbre del Tres Picos pero sin detenernos seguimos hacia Cerro de la Carpa.
Bajamos por un laberinto rocoso que nos demandó más tiempo y seguimos por un callejón que desciende hacia el sur y nos aceleró el ritmo. De los 1243 metros del Tres Picos bajamos a los 866, punto más bajo antes de la cuesta, y después, una vez en la cumbre del Cerro de la Carpa, medimos 1072msnm.
No encontramos Apacheta, solamente un montículo de piedras muy grandes marcando el punto más alto del cerro.
De plato principal tuvimos un par de “milangas” y de postre barras de cereales. Mientras descansábamos nos hidratamos convenientemente. Una vez terminada la sesión de fotos testimoniales nos fuimos en busca del Refugio construido en el mismo cerro, a cien metros de la cumbre en dirección al este. El mismo refugio que yo tantas veces había visto claramente desde la cima del Tres Picos y que siempre llamaba poderosamente mi atención.
Allí lo teníamos, estaba al alcance de la mano, impecable. Y yo sabía quien era el responsable de que estuviera así. Esteban, “el ruso”, quien era un apasionado del Cerro de la Carpa y de la montaña toda. Él lo había reconstruido con esfuerzo y sacrificio después del destrozo y abandono que había sufrido. Él se había deslomado llevando desde el llano chapas, tirantes y todo lo necesario para dejarlo habitable. "¡Qué pinturita de Refugio se armó Esteban!" -me dije para mis adentros- “Loable acción y emprendimiento”
Estuvimos contemplando el patio, generoso y sin límites, y después de merodear un par de horas regresamos sobre nuestros pasos hasta llegar nuevamente al Tres Picos. Ésa vez habíamos logrado la cumbre por la pared sur, la que usualmente hacía “el ruso”.
En la cumbre descansamos y aprovechamos a ventilar nuestros cansados y "ardientes" pies. Las botas estaban siendo duras, pesadas y muy abrigadas para esa estación en montañas de esas altitudes.
Con los pies como empanadas regresamos al hogar, dulce hogar, y devoramos, cual hormigas, la provisión de boca que nos quedaba en depósito. No era para menos.
La modorra, originada por la ingesta rápida y voraz que habíamos tenido, hizo que nos tiráramos en el jardín, sobre el copioso pastizal serrano, cual leones después de un atracón. No llegué a dormirme pero estaba con la mirada perdida en el paisaje, escenario ancho y largo, profundo e increíblemente cautivante para mis ojos, cuando de repente Claudio me sobresaltó.
- ¡Chegu... estás requemado! -dijo como sorprendido.
Lo miré y no sabía si me estaba "cargando" por mi piel morena natural o me lo decía con sinceridad. Mientras preparaba mi respuesta le hice un estudio visual y comprobé que él también estaba muy quemado por el sol. De ahí surgió mi respuesta y pregunta a la vez.
- ¡Vos también!... ¿y, qué tal?, ¿qué te pareció la paliza bajo el sol?
- ¡Bárbaro! ¡Me siento perfectamente bien!
- Entonces emprendamos la retirada que ya es hora –le dije a la vez que me incorporaba lentamente tratando de no aplastar la Festuca Ventanicola que tenía al costado.
Armamos las mochilas, dejamos la “casa chica” sin contaminantes, e iniciamos la cuenta regresiva. Pasamos otra vez por el piletón a colectar agua y encontramos el chorrillo con el caudal un poco más flaco que el día anterior. Pero el preciado tesoro que traía era de un valor incalculable.
Antes de reanudar la marcha, mi compañero de escalada me dijo:
- Chegu, me voy asombrado y sorprendido de todo lo que he visto, las vivencias, que sé yo… lo que me hizo sentir la montaña no tiene precio.
- Por toda respuesta hice silencio y nos dimos un largo abrazo. Él sabía que yo, asiduo visitante de las sierras, pensaba y sentía lo mismo que él.
Mientras bajábamos, aquel 14 de Marzo de 2004, supe que Claudio había dado el paso más importante en relación al viaje a Vallecitos: había tomado la decisión de ir. El resto, es otra historia.
Agustín Moreno
el.chegu@gmail.com

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Sin dudas, uno de los íconos de Sierra de la Ventana. El emblemático y eterno puente negro sobre el río Sauce Grande. No faltan las historias y leyendas a su alrededor.
La más repetida: que sobrevivió a un bombardeo aéreo en épocas de la Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón, allá por 1955. Y que en su parte superior guarda heridas aún visibles de ese ataque...
Esta imagen es gentileza de Nacho y Caro, de Tierra Mágica Bariloche.
La tierra húmeda que da paso a una y mil formas de vida. En este caso, una pareja de hongos que se alza, orgullosa, sobre la hojarasca serrana.
La imagen es obra y gentileza del fotógrafo Pablo Damonte, radicado en Galicia, España.
El asado había estado bastante sabroso y generoso. Enrique, anfitrión esa vez, esmerándose como lo hacía habitualmente, nos había dejado satisfechos con su arte gastronómico. Por eso con Claudio, antes de los postres y degustando un buen vino tinto, surgió el siguiente diálogo:
- Me convenciste Chegu, si veo que llego en buenas condiciones físicas te acompaño a Vallecitos.
- Sabía que te prenderías. Vas a ver lo bonito que es el Cordón del Plata y lo singular de la ciudad de Mendoza.
- Quiero tantearme, porque si bien el Tres Picos es algo exigente, me gustaría probar mi rendimiento caminando un par de días para ver mi progreso.
- Ningún problema Claudio. Intentaremos 3 cumbres en 2 días pernoctando en una cuevita espectacular!
- ¿Cuánto me dijiste que era la altitud?
- Dicen los mendocinos que mide alrededor de los 4450msnm y lo vamos escalar al segundo día. Primero haremos La Cadenita.
Las cartas estaban echadas. Si todo anduviera bien con la puesta a punto, nos iríamos a Mendoza a intentar, junto a nuestros maduros sueños juveniles, algo más que una cumbre. El vínculo que habíamos logrado con Heber Orona, y a través de él con sus amigos montañistas, nos facilitaría sobremanera la posibilidad de éxito.
El deseo de “medirse” de Claudio no era descabellado. Caminar un par de días la montaña haciendo noche en ella sin la comodidad propia del hogar le vendría bien para probarse y ver su reacción ante las adversidades que pudieran surgir estando al aire libre.
El asado con amigos y el buen vino era cosa del pasado. Ahora estábamos en plena ejercitación en terreno serrano. El sol pegaba fuerte y nuestra transpiración, en contacto con la suave brisa, nos refrescaba y nos aliviaba, pero teníamos que conseguir agua para hidratarnos convenientemente. Subir la montaña no sólo era empeño y voluntad. Necesitábamos agua para mantener energía y en ese momento se nos estaba agotando. También iba a ser necesaria para consumir en la cueva durante la cena, el desayuno, e indispensable para la marcha del día siguiente.
Habíamos dejado atrás el Cordón de Vacas y nos encontrábamos en plena Pampa de los Guanacos vislumbrando la Naciente del San Diego, entonces hice un alto y le dije a Claudio:
- Bajaremos a las piletas a ver si tenemos la suerte de encontrar agüita fresca.
- ¿Te parece que habrá? Mirá que está todo seco-seco reseco, eh!
- Habitualmente se encuentra, pero no podremos saberlo hasta estar en el lugar.
A pesar de bajar lentamente por lo barrancoso del terreno, en pocos minutos estábamos en el piletón formado al pie de una pequeña garganta que contenía agua, escasa y estancada. Pero un chorrillo flaco y pobre que bajaba por los desniveles de la pared rocosa se delataba, y de su rítmico golpeteo florecían gotas como si fueran fuegos de artificio.
- Es lo que hay Claudio, pero es suficiente. Cuando el agua potable se hace imperiosamente necesaria para la supervivencia, así venga de una vertiente flaca y pobre como ésta, hallarla tiene mucho más valor que encontrar una mina de oro.
- Chegu... tardaremos un rato para llenar los recipientes pero creo que vale la pena.
- ¡Claro que sí, es agua buenísima! En su recorrido se va nutriendo de minerales aptos para el consumo humano. Atraviesa roquedales y pastizales hasta caer acá cargada de naturaleza pura. Yo, uno de los que siempre la ha bebido, jamás tuve problemas de salud a consecuencia de ello.
El lugar en el que nos encontrábamos era fresco porque el sol le pegaba solamente al amanecer. El hecho de permanecer allí nos daba, en cierta manera, un merecido recreo. Llenamos las cantimploras y el bidón de cinco litros que habíamos transportado vacío con ese fin. Luego bebimos hasta que se nos hinchó el estómago, tanto, que temíamos no poder subir.
- Chegu, ¿Y si no hubiéramos encontrado agua acá arriba que hacíamos?
- Cuando uno elige cierto lugar para pasar una o dos noches, máxime en verano cuando las lluvias escasean, debe saber donde encontrarla, caso contrario se debe traer la suficiente cantidad de antemano. Es importante que el agua nunca falte para evitar la deshidratación y el golpe de calor. En mi caso particular sé y conozco lugares en donde encontrarla. A veces está al alcance de la mano y otras no tanto. Pero es de suma importancia conocer el terreno. Estas montañas, que aparentemente están secas, lo están solamente en su superficie. Sin embargo, gracias al pastizal típico que las cubre, actúan como esponjas y absorben el agua de las lluvias que después van liberando a cuenta gotas. De ahí que en nuestros ríos y arroyos corre el agua constantemente a pesar de que a veces pasan meses sin llover.
- O sea que una norma de seguridad estricta que deberían adoptar los visitantes sería conocer el terreno por el que se va a transitar para saber si van a encontrar agua o no, o de lo contrario llevarla de antemano aunque el peso de la mochila les mortifique la espalda, detalle éste último que todos tratan de evitar, no?
- Sí Claudio, aunque así y todo nunca falta quien se lanza a la "aventura" y después es superado por los acontecimientos y las circunstancias y vive momentos muy desagradables –le dije tratando de ser lacónico.
Allí vinieron a mi mente algunos hechos lamentables que ocurrieron veranos pasados. Creí conveniente contárselos a Claudio:
- En una oportunidad yo había bajado del Tres Picos y me encontraba en La Glorieta tomando unos “mateargos” , entonces observé que un grupo de adultos, hombres y mujeres, se estaba alistando para subir a la Cueva de los Guanacos. Un detalle llamó mi atención: no llevaban suficiente cantidad de agua. Por razones humanitarias creí oportuno advertirle al líder que en los lugares habituales cercanos a la cueva de donde se extraía el agua estaban vacíos. Me miró como si él fuera Reinhold Messner y, “bardeándome”, me dijo que se las arreglarían, que él conocía la zona. Días después me enteré de que quién yo creí era un líder positivo, había hablado por telefonía celular pidiéndole a la encargada de turismo que le entregaran agua “a domicilio” en la cueva.
- ¿Y qué pasó?
- Amablemente se le contestó que había sido advertido de que arriba no encontrarían agua y que si realmente quería la entrega tendría que hacerse cargo del costo del caballo que cargaría el agua más el jinete.
- ¿Entonces…?
- Al no querer pagar no les quedó más remedio que bajar, no pudiendo lograr sus propósitos de estar en la cumbre del Tres Picos. Por supuesto lo hicieron en estado lamentable y al borde de la deshidratación.
- Pagaron caro el precio de la soberbia, Chegu.- No sé si todos pensaban igual. Me gustaría saber que historia les vendió el “guía” al resto de los expedicionarios. A veces, a pesar de mi esfuerzo, no entiendo a la gente. Dos días en la montaña, salvo complicaciones meteorológicas inesperadas, tienen que ser para disfrutarlos al máximo y llevarse consigo uno de los recuerdos más placenteros. El entorno que regala el inmenso escenario serrano hace que los ojos no den a basto para retener miles de detalles, pero los que se graban son para recordarlos toda la vida.
Agustín Moreno.
Un día, Crocioni se sumó al deporte del momento y construyó una cancha de paddle. Justo frente a la esquina de la despensa. Eran épocas de paletazos contra la pared y discusiones con Bobby Del Pino por pelotas que para él siempre eran malas...
Servicio de Bahía Blanca a Estación Constitución, en Buenos Aires. Y la escala en Sierra de la Ventana...
Viajar en turista para cuidar el mango. Se puede fumar. Alguien que toca la guitarra para espantar el frío en invierno. El traqueteo que se detiene al pie de barrancas enanas de arcilla...
La foto es obra y gentileza de Andrés Rezzano, de Lomas de Zamora.
Rostros amigos de Saldungaray y para toda La Comarca... De izquierda a derecha y en orden de cercanía al flash: "Monoto" Davis, Gerardo "Tiyo" Rohlman, Diego "Falucho" Ciava y Gabriel Fontanes.
Los gestos de tiempos de secundario en el Fortín Pavón se mantienen. Basta mirar al "Tiyo" sino... que de seguro algo estaba tramando al momento de ser retratado...
Esta fotografía, tremendamente valiosa para quienes nos debemos un abrazo de años, es un gentil aporte de Agustina Montecino, de Bahía Blanca.
El río Sauce Grande. La Olla... amaga dibujarse adelante. A los pies del campo que se abre en la base del cerro del Amor.
Carolina Scarfi envío esta imagen, que recupera senderos transitados casi de memoria cada verano. Llegar cuanto antes al "arroyo"... en ojotas-zapatillas-bicicletas. Y juntar a los amigos para armar un "Indio al agua"...
Villa Ventana. Concierto de nubes y una tormenta pasajera que perece a manos del sol... La fotografía es gentileza de Gabriela.
Un vistazo del cerro Ventana, casi desde la ruta... La imagen retrata un momento de las últimas vacaciones de invierno. Y es obra y gentileza de Mariana Rolandi, de Buenos Aires.
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Pudo haber nacido cerro Tres Picos, río Sauce Grande o hierba aromática en El Pantanoso Viejo. Pudo haber sido la mejor metáfora de un manuscrito de Eduardo Galeano o el verso menos ensordecedor del Rey Lagarto. Pero no. Nació hombre: hijo y hermano de la naturaleza, que a fuerza de viento y rocíos en invierno le enseñó cómo hablar de ella sin mover los labios.
Un día me fui del pueblo. Otro, volví. Recién me di cuenta que estaba en Sierra de la Ventana cuando toqué el timbre de tu casa y tu vieja me saludó con un “Gastón todavía está durmiendo”. Eran casi las 2 de la tarde.
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Una postal del trayecto que culmina en Garganta Olvidada... muy cerca del cerro Ventana. Agua que serpentea y huye de la mirada de los curiosos. Mientras se ríe del verano a la sombra de árboles y rocas.
La imagen es obra y gentileza de Jeroen Van der Heide, de Alemania, quien muy amablemente cedió el registro para que sea publicado en este espacio.
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El texto a continuación pertenece a Agustín Moreno. Y denuncia algo ocurrido en estos días:
Inexplicable actitud
En lo que parecía ser una ascensión más, de las que uno siempre disfruta con los miles de matices que regala la montaña, esta vez encontré un paisaje distinto. Una de las vistas más bonitas manchada por la mano del hombre. Hombre que, gracias a actitudes como éstas, demuestran que hay grupos de irracionales y bárbaros todavía en nuestros días, y que son quienes no quieren entender en relación a ecología y medio ambiente.
Aun con resabios de la última nevada de agosto, la montaña se brindaba desde tempranas horas iluminada por el sol que, con su implacable energía, seguía derritiendo la manchas blancas de los restos de nieve que se veían en la Pampa de los Guanacos, entre los Cerros Napostá y Tres Picos.
Llegando al punto de encontrarme como si fuera yo el nacimiento del Arroyo San Diego, mirando de noroeste hacia el sudeste, a mil metros sobre el nivel del mar, mi vista, acostumbrada a los colores naturales de la montaña se vio atraída por el color extraño de unas rocas rectangulares de 2x1 metro aproximadamente que se encontraban a cien metros de distancia. Hice el comentario a Federico, mi casual acompañante en esa ascensión y me dirigí raudamente a comprobar -in situ- que estaba pasando.
Un sabor amargo fue mi primera sensación al llegar al pie de las rocas. Acababan de ser pintadas con pintura sintética color rojo intenso y en ellas se leía claramente el nombre o apodos de cuatro seudo montañistas: Dipa; More; Salva y Pollo.La pintura estaba aun fresca por lo que deduje que habían sido graffiteadas en horas de la mañana o en la tarde del día anterior, viernes 17 de Agosto, día del Padre de la Patria. Lamentable coincidencia.
Me crucé con ellos
Cuando le pregunté a Mónica Silva, encargada de turismo de la Estancia Funke que cantidad de personas pernoctaban en la cueva me dijo que eran ocho; un grupo de 4, un grupo de 3 y 1 en solitario. Salvo error u omisión no quedaban dudas de que el culpable de tal atropello no podía ser otro más que el grupo de los cuatro. Y ese número de personas coincidía con las que yo me había cruzado cuando ascendía y ellos bajaban.
Ante tal situación y pensando que ese graffiti podría ser el inicio de una larga cantidad de pintadas hacia la cumbre me, vi en la obligación de informar a Mónica. Nunca mejor a tiempo mi llamado porque justamente ese grupo estaba llegando a la oficina de ella. Le comenté lo que había descubierto con detalles de los nombres o apodos que estaban escritos y coincidían en su mayoría con las primeras sílabas de sus apellidos salvo el pollo.
Le dejé en claro que le seguiría informando con que me encontraría a medida que ascendiera porque mi temor era que encontrara un desastre mayor a medida que siguiera subiendo.
Y lamentablemente no me había equivocado. A partir de esas rocas fue una sucesión de pintadas en el sendero, cada diez o quince metros, sobre las rocas, pastizal e inclusive se dieron el lujo de pintar el agua congelada que caía de las alturas.
Lo único favorable fue encontrar el aerosol completamente vacío en el inicio de la Canaleta de los Guanacos y no ver más pintadas en ningún otro lugar y tampoco en la cumbre.
Al bajar, ese mismo sábado 18 de agosto de 2007, me enteré de la denuncia penal que se llevó a cabo en la Comisaría de Tornquist por la gente de la estancia.
Información
Nunca me hubiese gustado ser partícipe o testigo de actos en contra de la ecología y el medio ambiente, pero ahora, al haberlo -fortuitamente- sido, hago una denuncia social contra individuos como los que dañaron el medio ambiente en el Tres Picos cuyos nombres y apellidos constan en la comisaría de Tornquist, y también denunciaré el hecho ante todas las ONG ambientalistas para que, al menos, se tenga conocimiento de como actúan estos señores y se trate de evitar que sigan haciendo tropelías, y en lo posible, y si cabe legalmente, se les impida el acceso a los Parques Municipales, Provinciales y Nacionales.
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La tarde cae. Y se permite espiar al cerro Tres Picos. La altura más importante de la provincia de Buenos Aires... 1.239 metros de orgullosa estampa.
La imagen es obra y gentileza de Clara y Tomás Riccomagno.
Una mirada "salvaje" a la estación de trenes de Sierra de la Ventana. Que aparece, casi con tímidez, a lo lejos...
A sus espaldas, el cerro del Amor. La fotografía es gentileza de Sofía Bianchi.
Puesta de sol en el cerrito del Amor; uno de los lugares más emblemáticos y visitados de Sierra de la Ventana. Esta imagen increíble es obra y gentileza de Marcelo Braz.
Saldungaray, 1994. Años de secundario en el Instituto Fortín Pavón. Camisas celestes, blazers azules, corbatas rojas y pantalones grises (luego, jeans). Metallica...
Años de viajar en el colectivo de Robin Valles. Superar los apenas 9 kilómetros que separan a Sierra de la Ventana de Saldungaray (Yo vivía en Sierra, pero iba al secundario de "Saldunga"). Combinar rateadas que algún día prometo contar en profundidad...
En la imagen, el patio de la casa de mi mejor amigo, Darío Lemos, hoy radicado en Puerto Rico (y maduro padre de familia).
Las personalidades, de izquierda a derecha. Parados: Darío Lemos, Patricio Eleisegui, Juan Manuel Lemos (hoy, a punto de ser papá), y Shane Petrollece (actualmente, de vuelta en su patria EE.UU. y también maduro padre de familia).
Agachados: Ricardo "Tartu" Tartuferri, Raúl (esposo de la madre de Darío y Juan; hombre bueno si los hay...), El Mostro (perro), Eduardo, y Mauricio Costa.
La imagen tiene 13 años. Y hoy puedo decir que, salvo en algunos casos, el tiempo no ha pasado. Como grandes y verdaderos amigos-hermanos, todavía peleamos por ponerle fin a los abrazos pendientes...
A veces podemos. A veces no. Pero seguimos luchando por no perder la memoria de aquellos años en los que nos entendíamos con una mirada.
Días en los que sabíamos que en cada hora de amistad transcurrida había algo que, también callado la boca, nos estaba uniendo para siempre...
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Hoy, 15 de agosto, el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca publicó un artículo dando cuenta de gran parte de lo que sucede en éste, nuestro Blog de Sierra de la Ventana.
Pueden acceder al artículo completo haciendo clic aquí: La Nueva Provincia.
Qué decir... además del agradecimiento por la referencia, mi día transcurrió aferrado a la ilusión de que todos ustedes, parte vital de este espacio, vivieron la novedad con la misma alegría que la exhibida por quien aquí les escribe.
Encontrarme con esa nota fue, para mí, un pasito. Lo sentí como una manera “serrana” de hacernos escuchar como hijos, amigos, hermanos, vecinos, visitantes de un lugar único. Nuestro. Que nos identifica y nos une.
Por eso mismo, en pocas palabras, quería expresar mi agradecimiento a todos ustedes. A los que envían sus fotos y sus escritos para que sean publicados. A los que me mandan emails conmovedores y repletos de palabras de aliento. A los que, desde todas partes, dan vida a este portal con sus visitas...
Gracias... Y no olviden que ya somos una comunidad. Sí. Aquí. También en internet. Y todo es obra de ustedes...
Patricio Eleisegui.
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Una toma increíble de la luna en llamas sobre las sierras. Tropecé de casualidad con este registro, en una de mis clásicas travesías desordenadas a través de la web. Y no pude más que intentar contactar al creador de la obra para, permiso mediante, reproducir la foto en este portal.
Para mí fortuna, no hubo inconvenientes. Obviamente, todo el agradecimiento para el amigo Rolando, de Buenos Aires, que cedió este material para que resulte publicado en el blog.
Un aporte por demás de valioso de mi amigo Piti Olague, de Tornquist. A continuación, el comentario que el mismo Piti hace sobre este video en su blog Capturando Luces:
"Son pinturas rupestres dejadas por los primitivos habitantes de estas tierras de las Sierras de la Ventana, se encuentran en una estancia cerca de Saldungaray, y por ende, el acceso público es restringido, estando de esta manera, protegidas, porque lamentablemente de ser de otra manera, el futuro de estas reliquias sería incierto.
"Como se comenta en el video, son de las más, sino, las más ricas en cantidad de dibujos y colores".
"Para los excépticos que pueden llegar a dudar, les comento que se encuentran en una cueva muy poco visitada, a grosso modo me atrevo a estimar entre 10 a 20 visitas anuales, contando los allegados a los dueños del campo, los que repiten, y los invitados, como yo ese fin de semana".
Una de las especies más bellas de la Comarca de Sierra de la Ventana. Arisco como pocos, suele vérselo en nutridas bandadas. Y a la caza de cualquier gusano que ande cerca...
Esta bella imagen es gentileza de Nacho y Caro, de Tierra Mágica Bariloche.
Durante mi visita del mes pasado a Sierra de la Ventana sentí como necesidad volver a algunos de los lugares que más fuertemente quedaron marcados en mi memoria. Y que promovieron historias y aventuras que todavía hoy afloran; incluso en momentos impensados.
Nueva panorámica aérea de Sierra de la Ventana. Desde el barrio Golf hasta Valle Hermoso... La avenida San Martín. El puente negro. El Hotel Provincial... es tan fácil verlo todo...
La foto es gentileza de Raúl Pérez Santellán, quien ya nos había remitido otra imagen desde el aire. Pueden visualizarla aquí.
Cercanías de Tornquist. Las nubes que juegan a su antojo con las tonalidades que propone un sol lejano. El registro es obra de Florencia Rodríguez Daniel.
Tren que desafía las alturas. Y el silencio de los cerros antes de llegar a Sierra de la Ventana...
Alguien me preguntó una vez cuál es la mejor forma de llegar al pueblo. Yo sólo pude pensar en el traqueteo de los rieles...
La imagen es gentileza de Cecilia Nuñez, dueña del blog "...si no vuelvo, escribo...".
El sol se duerme... a los ojos del cerro del Amor. Atardecer en Sierra de la Ventana. La imagen es obra y gentileza de María Sol y Gastón Waiman.

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El "NO" a la minería en la Comarca de Sierra de la Ventana no podía no estar presente en este espacio. La propuesta humorística "con un poco de cianuro" pertenece a los amigos de Vecinos Autoconvocados de Villa Ventana...


Una deporte que amenaza volverse una tradición en Sierra de la Ventana: el Mountain bike... La toma, en esta ocasión, es obra de Fabiano Goldoni, de Brasil.
Estancia Funke... El viento que saluda otro ocaso. Esta impactante fotografía es obra y gentileza de Tomás y Clara Riccomagno.
Sol en la tierra. Zumbidos de polen compartido... La imagen es gentileza del fotógrafo Pablo Damonte, radicado en Galicia, España.

Última curva previa... Puente blanco. La entrada a Sierra de la Ventana ya es un sueño despierto. La foto, obra y gentileza de Victoria Fernández.