Eclipse lunar del 21 de enero (Imágenes tomadas por Agustín Moreno)



Así lo describe en su blog, Quien busca un fin noble encuentra el camino, en donde se puede acceder a más testimonios fotográficos relacionados con este fenómeno:
Amigos, comparto con ustedes un interesante artículo que, inherente a Sierra de la Ventana, salió publicado en el matutino porteño El Cronista Comercial este viernes. La nota es obra del colega Tomás Natiello.
En el techo de la Pampa
El primer recuerdo de Sierra de la Ventana que aparece en la memoria al momento de escribir es en la estación del tren. Era temprano, cerca de las 6:30 de la mañana, y un leve rocío cubría los árboles unos canteros con flores.
La noche y el sueño no habían permitido que se notara cómo el suelo llano de la pampa húmeda se iba arrugando y ganando altura. Por eso, el impacto al ver esas sierras mucho más altas que las de Tandil fue mayor. Tras recorrer una veintena de kilómetros, las cumbres de cerros como el Napostá y el Tres Picos se aprecian aún más claramente como vigías que dominan el sur de la provincia.
De ese primer recuerdo del tren a hoy pasaron más de 25 años. Los trenes siguen corriendo pero no aparecen al tope de las preferencias al momento de llegar hasta estas tierras fantásticas. Y es una lástima, porque con el tendido de las vías nacieron los parajes que embellecen la comarca.
La historia reciente, la de los pueblos, comienza en 1903, cuando se realiza la construcción del ramal Ferrocarril del Sud que pasaba (y aún pasa) por Olavarría, Cnel. Pringues y Bahía Blanca.
Entre esos puntos principales se crearon estaciones, una de ellas Sierra de la Ventana, actualmente Saldungaray. El tren trajo consigo nuevos emprendimientos, como el Club Hotel de la Ventana, un edificio majestuoso del que sólo quedan ruinas y detalles curiosos, como las inscripciones en alemán que permanecen en la vieja puerta de un depósito subterráneo. La construcción requería que el tren trajera materiales y personal, por lo que surgió una nueva estación, que llevó el nombre de Sauce Grande. Y al mismo tiempo, un terrateniente local de apellido Meyer construyó en la localidad otro hotel, menos espectacular, para dar alojamiento a los capataces de la construcción.Al principio, con al ayuda del Ingeniero Edgard Graham del Ferrocarril del Sud y de Pedro Churio, se realizó un trazado de nueve hoyos que aprovechaba las dificultades planteadas por el arroyo San Bernardo para el diseño. De esto hace más de 70 años, en los que los links se ampliaron y el Club de Golf de Sierra de la Ventana también, hasta convertirse en dueño del campo y motor de la actividad deportiva local.
Claro que alrededor del course fueron creciendo también emprendimientos conexos, como las cabañas y aparts que proveen alojamiento a los jugadores. Uno de los más destacados es el Balcón del Golf, que como su nombre sugiere está próximo a las canchas y casi sobre el río Sauce Grande. La piscina climatizada cubierta, el gimnasio, el sauna húmedo y sala de masajes son apenas complementos para matizar las jornadas entre greens y fairways. Detalles de confort como el hogar a leña en las cabañas y todos los extras incluidos en la tarifa, hacen que la opción se torne irresistible. También existen otras alternativas muy cercanas como las Cabañas del Golf, que combinan la calidez de la madera en los interiores con la belleza de un parque arbolado cercano al Club House del golf. Finalmente, un poco más alejadas y en el centro de la ciudad, el complejo de cabañas Del Pehuén también brinda un espacio confortable, amplio y presentado con buen gusto para alojarse y partir desde allí a cada rumbo de los rincones de la comarca turística que incluye a Villa Arcadia, Saldungaray, Villa Ventana y el Abra de la Ventana.Así, lugares como la Posada Agua Pampas, ubicada en Villa Ventana, ofrece 17 habitaciones singles, dobles, triples y suites, concebidas todas para el descanso y el relax. Cada detalle apunta a mejorar la estadía. Como ocurre con el desayuno campestre o las artesanales y, vale decir, inusuales bañeras y bachas hechas de troncos. La piscina exterior, la pileta interior con jacuzzi, las hamacas paraguayas y un amplio parque con costa del arroyo Las Piedras completan un cuadro para el disfrute.
Más alejada de la villa, en dirección a Coronel Suárez, la Casa de Campo Matietxe también reclama su instante de atención. Se trata de un alojamiento pequeño, de sólo tres habitaciones, que seduce desde el parque perfecto que lo rodea, pero también desde la calidez del salón con hogar a leños o la simpatía de los ponys que se ofrecen a los más chiquitos. En definitiva, al igual que en los alojamientos de diverso nivel que pueblan estas sierras, aquí lo que siempre termina por convencer al viajero son esos pequeños detalles que hacen la diferencia.