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07 noviembre 2010

Noche en el Tres Picos... (Imágenes tomadas por Piti Olague)

Cae la oscuridad, y con ella las tonalidades que sólo cobran voz cuando nace la noche.

Murallas del cerro Tres Picos. Brisa, silencio y roca. Relámpagos de estrellas a la búsqueda de una luna llena que huye de los hombres. Aunque, a veces, también se enamora de los curiosos.

En este caso, el curioso es Piti Olague. Y hay más testimonios de esta noche bella hecha fotografía en su blog, Capturando Luces.

29 abril 2010

De excursión (Imágenes enviadas por Roberto, de Buenos Aires)


Al fondo de Villa Ventana...


Una aparición inesperada, al pie del cerro Tres Picos. Las imágenes son obra y gentileza del amigo Roberto Pampa.

23 marzo 2010

Guanacos de Ventania (Imagen gentileza de "El Chegu" Moreno)



Agustín "El Chegu" Moreno alcanzó su cumbre del Tres Picos número 211. Y en pleno trajín se topó con la manada exhibida arriba. Toda una postal serrana.

"Hacía mucho tiempo que no veía una manada de más de 15 ejemplares. En ésta oportunidad vimos 17 Guanacos, de los cuales 7 eran chulengos", aseguró el autor de la foto.

Más testimonios de la belleza de Ventania en su blog Quien busca un fin noble encuentra el camino.

13 febrero 2010

Atardecer en el Tres Picos y el Napostá (Foto: Piti Olague)


Termina el día en lo más alto de la provincia. Piti Olague levanta los ojos en el momento justo. Para rescatar otra postal inolvidable de la Comarca.

Más testimonios visuales en su blog Capturando Luces.

23 mayo 2009

Una Ventana abierta al mundo (Artículo del diario La Razón)

Los colegas del diario porteño La Razón acaban de publicar un artículo sobre las bondades de la Comarca. Paso a compartirlo, de manera completa, con todos ustedes:


Una Ventana abierta al mundo

A 560 km de la ciudad de Buenos Aires, la comarca turística Sierra de la Ventana muestra una secuencia de cerros, cascadas, rocas, piletones de 14 metros de profundidad y planicies de no menos de 150 metros de largo, reverdecidas por helechos de hasta dos metros de alto.


Con un característico cordón de sierras, algunas de ellas formadas por la naturaleza hace 280 millones de años, tiene diferentes opciones de actividades pero por sobre todas, Sierra de la Ventana se destaca por ser un paraje ideal para el descanso.

Hacia el oeste, el cerro Tres Picos es el primero de la figura panorámica que, de izquierda a derecha, completan el Napostá Grande, el Bahía Blanca, el Destierro, el Ventana y las parcelas verde-amarillentas de la estancia Las Vertientes.

Después de trepar tres horas el cerro Ventana se descubre la razón de tanta fama. Desde allí se puede apreciar el valle, de suelo irregular y lleno de obstáculos que desde arriba parecen una pintura. Allí, como se aprecia en la foto, la ventana se presenta de cuerpo entero y su fondo sin pared, abierta al vacío. Unos ocho metros de alto, doce de profundidad y cinco de ancho son las dimensiones del refugio. También es posible divisar las ruinas del Club Hotel de Villa Ventana, el otro coloso que creó la aristocracia en 1911 y también gozó de fama (llegó a ser considerado el hotel más lujoso del país), aunque efímera.

Pero también es alza como un polo interesante desde la historia y la cultura. En las sierras hay pinturas rupestres que colorean a 1.100 metros de altura y conjuntos de menhires "acomodados" en círculo cerca del cerro Ventana. "Serían vestigios de la cultura "ceh che et", que significa "gente de las sierras", anterior a la llegada de los españoles, cuando los conquistadores se encontraron con tehuelches y pampas", explica el guía Sergio Marto.

En el último verano sorprendió la cantidad de turistas que se acercaron a la visita guiada gratuita que se realiza a una fábrica de quesos y la bodega de vinos Ventania, muy cerca de la ciudad en Saldungaray, donde también se elaboran dulces de frutas. Y por si fuera poco, además existen múltiples circuitos de trekking que recorren los valles y las laderas de los cerros, para los que deciden un paseo matinal. Otra de las opciones convocantes para los turistas son las cabalgatas. Desde el valle se escucha como el agua cristalina del arroyo Ventana (emblema del Parque Provincial Tornquist) surca las piedras y empieza a marcar el paso de las travesías que terminan en la tarde, momento ideal para cerrar el día con mate y una vista imperdible. Es hora de ir a disfrutar.

16 diciembre 2007

Contraste... (Imagen tomada por Darío Ranocchiari, de Italia)

Girasoles de luz apagada en una de las llanuras que anteceden al Tres Picos. Atrás, la cima del cerro se oculta bajo la nieve que simula una nube.

La foto pertenece a Darío Ranocchiari, de Roma, Italia, quien gentilmente cedió el registro para que sea publicado en este espacio.

04 noviembre 2007

Girasoles... (Enviada por Agustina Montecino, de Bahía Blanca)

De espaldas al cerro Tres Picos, los girasoles pueblan un campo cercano a Saldungaray. Nótese cómo la altura más importante de la provincia de Buenos Aires suma un cuarto pico... Vista que sólo se obtiene desde la localidad mencionada y Frapal.

La fotografía en cuestión es un gentil aporte de Agustina Montecino, de Bahía Blanca.

29 septiembre 2007

23 de Septiembre: nevada... tras los pasos de Darwin (Por Piti Olague y Agustín Moreno)





"Todo el grupo de excursionistas que se sumaron al desafío del 23 de Setiembre en el Cerro Tres Picos, del cual participé como guía ayudante, la nevada que se dio mientras bajábamos, le dio un toque extremo a la aventura", explica Piti Olague, creador del registro en video, en su blog Capturando Luces. La fotografía posterior, y a la cual describe Olague, es obra de Agustin Moreno.

La iniciativa que reunió a estos intrépidos aventureros adoptó el nombre de “Tras los pasos de Darwin”. Y la referencia al célebre naturalista resulta casi obvia: durante su etapa de investigaciones en esta parte del mundo, Charles Darwin desafió con éxito la cumbre del emblemático cerro Tres Picos.

02 septiembre 2007

Treinta... un 30 de agosto (Por Patricio Eleisegui)

Pudo haber nacido cerro Tres Picos, río Sauce Grande o hierba aromática en El Pantanoso Viejo. Pudo haber sido la mejor metáfora de un manuscrito de Eduardo Galeano o el verso menos ensordecedor del Rey Lagarto. Pero no. Nació hombre: hijo y hermano de la naturaleza, que a fuerza de viento y rocíos en invierno le enseñó cómo hablar de ella sin mover los labios.

Y ese hombre, descendiente desconocido, antes de ser raíz y palabra que alumbra fue un niño que leía libros incomprensibles y, de vez en cuando, se acomodaba el pelo al estilo “New Kids on the Block”. Hablaba de Freud. De la perversión de las masas. Enano de 12 años. Dee-Jay (hay quien dice que fuiste el último “Discjockey”) de El Sótano y garganta modulada en la FM de las Sierras.

Viajes nocturnos a Saldungaray en la zanellita azul. No se podía faltar a ningún asalto. A ningún cumpleaños de 15. Esa zanellita que se quedaba sin luz cada vez que agarrabas un bache en la ruta. Nueve kilómetros en los que corté clavos más de una vez porque vos no veías medio metro. Y a veces te olvidabas los anteojos. También estaba el efecto de todos los tragos, vinos y cervezas que nos habíamos tomado.

Pero llegábamos a salvo. Un día empezaste a caminar las sierras. Y no paraste. Hablabas en otro idioma y nosotros, los plantígrados de siempre, veíamos cómo te alejabas otra vez. Crecías.

Encontraste la poesía en el día a día. Reemplazaste los adjetivos y las metonimias por sandalias y ampollas: te hiciste amigo de un ex Club Hotel que alguien prendió fuego una vez, y saludabas con la cabeza a cada yarará que te cruzabas: lo estabas entendiendo todo.


Un día me fui del pueblo. Otro, volví. Recién me di cuenta que estaba en Sierra de la Ventana cuando toqué el timbre de tu casa y tu vieja me saludó con un “Gastón todavía está durmiendo”. Eran casi las 2 de la tarde.

Nos tomamos un té de cedrón y me hablaste de hierbas aromáticas. Y de un par de libros, escritos por un brasileño, que te habían gustado mucho. Te acompañé en una excursión a El Pantanoso. Ahí eras Gastón Waiman, el guía.

Asados. Y una noche de tormenta eléctrica me confesaste, llorando desconsoladamente, eso que seguías buscando. Pedimos un par de ginebras. Luego, en una cena con amigos, intentaste hipnotizarme en la casa de tu abuela pero el experimento salió mal y terminamos todos asustados. A nadie le gusta que le cuenten en detalle cómo es eso de sentirse solo. Siempre solo...

Nos dimos un fuerte abrazo la noche previa a mi viaje a Buenos Aires. Los dos sabíamos que yo venía para no volver. Me dijiste que podía hacerlo y aquí estamos: con el escudo medio abollado y la espada con poco filo. Pero de pie. Como vos.

Hace poco, hubo un reencuentro después de ¿cuatro años? Te presenté a mi mujer y te conté que de noche sueño con sierras. Y que todavía te veo trepando el Tres Picos en zapatos... los mismos con los que después cursabas 4º año en el Fortín Pavón.

Ahora, esta semana que pasó, cumpliste 30 años. Treinta un treinta. Viviste muchos más... tantos años como los que hoy declara Sierra de la Ventana. Porque, en definitiva, Tonga querido, las cosas son como las conté al principio: hablás la lengua del paisaje sin mover los labios. Y eso te hace roca, madera, agua. Te deja mirar la eternidad... por encima de los hombros del tiempo.


Patricio Eleisegui.

Pd: Un agradecimiento especial a María Sol Waiman, hermana de Gastón, por dejarme reproducir en este post las fotos que aparecen publicadas en su blog Por aquí ya estuve.

Y también a mi mejor amigo,
Darío Lemos, quien desde Puerto Rico envió la imagen en la que aparezco junto a Gastón cuando teníamos 15 años.

30 agosto 2007

Bien hecho...


Una buena que vale por mil. Hoy por la mañana, Clarín publicó esto en su página web: Obligan a cuatro turistas a limpiar enormes graffitis que pintaron en rocas de Sierra de la Ventana

A diferencia de otras oportunidades, esta vez la comuna salió en defensa de lo que -no debería olvidar- es su bien más valioso: el medioambiente.


29 agosto 2007

El arte de la estupidez (Graffitis en el cerro Tres Picos)


El texto a continuación pertenece a Agustín Moreno. Y denuncia algo ocurrido en estos días:

Inexplicable actitud

En lo que parecía ser una ascensión más, de las que uno siempre disfruta con los miles de matices que regala la montaña, esta vez encontré un paisaje distinto. Una de las vistas más bonitas manchada por la mano del hombre. Hombre que, gracias a actitudes como éstas, demuestran que hay grupos de irracionales y bárbaros todavía en nuestros días, y que son quienes no quieren entender en relación a ecología y medio ambiente.

Aun con resabios de la última nevada de agosto, la montaña se brindaba desde tempranas horas iluminada por el sol que, con su implacable energía, seguía derritiendo la manchas blancas de los restos de nieve que se veían en la Pampa de los Guanacos, entre los Cerros Napostá y Tres Picos.

Llegando al punto de encontrarme como si fuera yo el nacimiento del Arroyo San Diego, mirando de noroeste hacia el sudeste, a mil metros sobre el nivel del mar, mi vista, acostumbrada a los colores naturales de la montaña se vio atraída por el color extraño de unas rocas rectangulares de 2x1 metro aproximadamente que se encontraban a cien metros de distancia. Hice el comentario a Federico, mi casual acompañante en esa ascensión y me dirigí raudamente a comprobar -in situ- que estaba pasando.

Un sabor amargo fue mi primera sensación al llegar al pie de las rocas. Acababan de ser pintadas con pintura sintética color rojo intenso y en ellas se leía claramente el nombre o apodos de cuatro seudo montañistas: Dipa; More; Salva y Pollo.La pintura estaba aun fresca por lo que deduje que habían sido graffiteadas en horas de la mañana o en la tarde del día anterior, viernes 17 de Agosto, día del Padre de la Patria. Lamentable coincidencia.


Me crucé con ellos

Cuando le pregunté a Mónica Silva, encargada de turismo de la Estancia Funke que cantidad de personas pernoctaban en la cueva me dijo que eran ocho; un grupo de 4, un grupo de 3 y 1 en solitario. Salvo error u omisión no quedaban dudas de que el culpable de tal atropello no podía ser otro más que el grupo de los cuatro. Y ese número de personas coincidía con las que yo me había cruzado cuando ascendía y ellos bajaban.

Ante tal situación y pensando que ese graffiti podría ser el inicio de una larga cantidad de pintadas hacia la cumbre me, vi en la obligación de informar a Mónica. Nunca mejor a tiempo mi llamado porque justamente ese grupo estaba llegando a la oficina de ella. Le comenté lo que había descubierto con detalles de los nombres o apodos que estaban escritos y coincidían en su mayoría con las primeras sílabas de sus apellidos salvo el pollo.

Le dejé en claro que le seguiría informando con que me encontraría a medida que ascendiera porque mi temor era que encontrara un desastre mayor a medida que siguiera subiendo.

Y lamentablemente no me había equivocado. A partir de esas rocas fue una sucesión de pintadas en el sendero, cada diez o quince metros, sobre las rocas, pastizal e inclusive se dieron el lujo de pintar el agua congelada que caía de las alturas.

Lo único favorable fue encontrar el aerosol completamente vacío en el inicio de la Canaleta de los Guanacos y no ver más pintadas en ningún otro lugar y tampoco en la cumbre.

Al bajar, ese mismo sábado 18 de agosto de 2007, me enteré de la denuncia penal que se llevó a cabo en la Comisaría de Tornquist por la gente de la estancia.

Información

Nunca me hubiese gustado ser partícipe o testigo de actos en contra de la ecología y el medio ambiente, pero ahora, al haberlo -fortuitamente- sido, hago una denuncia social contra individuos como los que dañaron el medio ambiente en el Tres Picos cuyos nombres y apellidos constan en la comisaría de Tornquist, y también denunciaré el hecho ante todas las ONG ambientalistas para que, al menos, se tenga conocimiento de como actúan estos señores y se trate de evitar que sigan haciendo tropelías, y en lo posible, y si cabe legalmente, se les impida el acceso a los Parques Municipales, Provinciales y Nacionales.


Agustín Moreno

25 agosto 2007

Cerca del Tres Picos... (Imagen tomada por Clara y Tomás Riccomagno, de Buenos Aires)

La tarde cae. Y se permite espiar al cerro Tres Picos. La altura más importante de la provincia de Buenos Aires... 1.239 metros de orgullosa estampa.

La imagen es obra y gentileza de Clara y Tomás Riccomagno.

28 julio 2007

Ocaso de Tres Picos... (Imagen enviada por Nicolás Villa)

Otro ocaso de brillos y rocas imponentes. El cerro Tres Picos vigila la llegada de la noche en esta fotografía tomada por Carlos Villa.


22 julio 2007

Entre dos tierras (Imágenes tomadas por Carla Serafini)



Dos postales de mi viaje a Sierra de la Ventana hace escasas semanas (feriado del 9 de julio, para ser más exacto). Arriba, una toma del Tres Picos capturada desde la cima del cerro del Amor.

En la imagen de abajo, la calle Bahía Blanca (tomada desde la intersección con Drago, a metros del Hotel Provincial). A la izquierda puede verse la casa de Chely Dolera.

Para ubicarnos mejor: sobre esta senda también están la inmobiliaria Prokom de Oscar Kaltenbach (en la foto, a la derecha, oculta entre los árboles) y, ya en la vereda opuesta, la casa del doctor Ricardo Perriello.

Al final de la calle aparece, tenue, la avenida San Martín.

Las fotografías son obra de mi mujer, Carla Serafini, y pueden acceder a más registros de Sierra en su blog, Incoherente Colectivo.

27 junio 2007

La primera nevada del año... desde el cerro Tres Picos (Más imágenes tomadas por Piti Olague)




Segunda parte de la serie de fotografías que Piti Olague tomó el pasado 29 de mayo en la cumbre del cerro Tres Picos. Y que cedió gentilmente para que sean publicadas en este portal en una primera entrega.

Más testimonios de este evento, y buena parte de la obra fotográfica de Olague, en su blog Capturando Luces.

30 mayo 2007

La primera nevada del año... desde el cerro Tres Picos (Imágenes tomadas por Piti Olague)








Imágenes tomadas este martes 29 de mayo. La primera nevada del año, y el fotógrafo Piti Olague escaló el cerro Tres Picos para obtener estos registros increíbles (Y cederlos gentilmente a este espacio). Más testimonios en su blog Capturando Luces.

09 octubre 2006

El Tres Picos... desde el pueblo



El cerro Tres Picos, visto desde el balneario San Bernardo... (Imagen tomada del portal www.sierradelaventana.unlugar.com)

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